Crónica del 8M: miles de mujeres marcharon en Monterrey pidiendo justicia y seguridad
Valentina Herrera
Activista y periodista feminista. Cofundadora de Faro Violeta. Cubre temas de participación política, violencia de género y movimientos sociales en México.
Miles de mujeres tomaron las calles de Monterrey en una marcha que combinó exigencias de justicia, memoria por las víctimas de feminicidio y la celebración de estar juntas.
A las seis de la tarde, cuando el sol comenzaba a bajar sobre la Macroplaza, el contingente ya se extendía por más de veinte cuadras. Mujeres de todas las edades, con pancartas hechas a mano, pañuelos violetas y la determinación de quien sabe que marchar es un acto de resistencia.
Entre el dolor y la fuerza
La marcha del 8 de marzo en Monterrey reunió a más de 15,000 personas según estimaciones de organizaciones civiles. El recorrido, que partió de la explanada del Museo de Historia Mexicana hasta el Palacio de Gobierno, estuvo marcado por dos emociones que convivieron sin contradecirse: el dolor por las que ya no están y la fuerza de las que siguen luchando.
Los nombres de las víctimas de feminicidio se leían en voz alta al pasar por cada esquina. Cada nombre era respondido con un grito colectivo: "¡Presente!" La memoria como acto político. El duelo como combustible para la acción.
Las nuevas generaciones al frente
Uno de los aspectos más destacados de esta edición fue la masiva participación de jóvenes de preparatoria y universidad. Muchas marchaban por primera vez, acompañadas por sus madres o abuelas. Tres generaciones compartiendo la calle, compartiendo la causa.
"Mi mamá no pudo marchar cuando tenía mi edad. Yo marcho por ella y por mí", nos dijo Sofía, de 17 años, mientras sostenía una pancarta que leía: "Ni una más".
Marchamos porque es necesario. Marchamos porque funciona. Marchamos porque juntas somos más fuertes que cualquier estadística.